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Critican la veracidad histórica de ‘Richard Jewell’ de Clint Eastwood

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ATENCIÓN: ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE RICHARD JEWELL

A sus 89 años, que el incombustible Clint Eastwood siga teniendo la garra suficiente para generar polémica y debate con una película es un hecho digno de admirar. Estrenada el pasado 1 de eneroRichard Jewell es la última y comprometida exploración del héroe americano que nos ofrece el ya casi nonagenario director y actor. Un biopic atípico en el que Paul Walter Hauser (Yo, TonyaInfiltrado en el KKKlan) interpreta a un personaje que podría parecer poca cosa, pero que en 1996 constituyó el epicentro de un enorme revuelo mediático cuyas implicaciones sociales siguen teniendo una enorme relevancia en 2020.

Pero, ¿cuánto hay de verdad y cuánto de ficción en la historia que nos presenta Eastwood? ¿Y cuál es esa escena que muchos están cuestionando por su nula veracidad histórica y su (posible) mensaje machista?

Clint Eastwood ha sido duramente criticado por inventar ciertos episodios de la historia de Richard Jewell –particularmente una escena potencialmente machista que carece de fundamento histórico. (Imagen: Claire Folger © 2019 Warner Bros. Entertainment Inc. All Rights Reserved)

LOS HECHOS HISTÓRICOS

Para quien no recuerde o conozca lo sucedido durante aquellos Juegos Olímpicos de Verano que tuvieron lugar en Atlanta (EEUU), podemos resumirlo de esta forma: pasada la medianoche del 27 de julio de 1996Richard Jewell, un guardia de seguridad que formaba parte del dispositivo desplegado en el Centennial Park, avisó de que había encontrado una mochila sospechosa debajo de un banco. Apenas 9 minutos después, la policía recibía una llamada anónima que amenazaba con detonar una bomba, y solo gracias al aviso previo de Jewell pudo empezar a desplegar un perímetro de seguridad con la participación del propio Jewell (entre otros efectivos). Por desgracia, a los 13 minutos de aquella llamada, el explosivo oculto en la mochila estallaba y proyectaba infinidad de clavos a su alrededor, acabando con la vida de Alice Hawthorne e hiriendo a otras 111 personas.

Pero aunque a la mañana siguiente del trágico suceso Jewell se había convertido en poco menos que un héroe nacional (atribuyéndosele el haber salvado miles de vidas) y era requerido por toda la prensa de los EEUU, solo tres días después el diario local The Atlanta Journal-Constitution le señalaba como principal sospechoso en la investigación del FBI –subrayando cómo Jewell se ajustaba al perfil del terrorista solitario por su baja forma física, su escasa vida social (aún vivía con su madre) y su declarado (y frustrado) sueño de ser policía. 

Aunque Jewell nunca fue oficialmente considerado como sospechoso por las autoridades –y finalmente sería exonerado y su honor, restituido–, su pasado sí fue objeto de una profunda investigación oficial (con vigilancia permanente e intensos interrogatorios) y, lo que es peor, su nombre se vio irreversiblemente manchado por el vilipendio de la prensa. Tanto fue así, que a efectos mediáticos de poco le sirvió que, en febrero de 1997, el terrorista fundamentalista cristiano Eric Robert Rudolph confesara la autoría del atentado de las Olimpiadas y de otros tres ataques que había llevado a cabo en los meses siguientes.

Claire Folger © 2019 Warner Bros. Entertainment Inc. All Rights Reserved.

FICCIÓN VS. HISTORIA

A partir de estos hechos comprobados, pero más significativamente de la narración de los mismos que presentaba el artículo de Marie Brenner para Vanity Fair titulado “American Nightmare: The Ballad of Richard Jewell”, el guion de Billy Ray (Capitán PhillipsEl precio de la verdad) busca indagar en la “verdad emocional” de la historia de Jewell –lo cual no significa que reproduzca de manera literal los acontecimientos reales y los personajes que participaron en los mismos. Por tanto, vamos a echar un vistazo a algunos de los puntos en los que más chocan o podrían chocar la realidad histórica y la ficción presentada por Eastwood.

Empezando por lo más inmediato, la película muestra correctamente que la mochila había sido volcada antes de estallar –lo que habría hecho que la mayor parte de los proyectiles salieran disparados hacia el aire y no hacia la multitud cercana–, pero atribuye esa acción a un grupo de adolescentes borrachos –mientras que la versión oficial ignora a quién se debe este gesto salvador de vidas. Por otro lado, y como ya hemos dicho, la única víctima mortal directa de la bomba fue Alice Hawthorne –mientras que la película menciona dos, contando como segunda a Melih Uzunyol, un camarógrafo turco que sufrió un infarto cuando corría a cubrir la explosión.

Tras el incidente hubo una pelea verbal entre autoridades que se disputaban la jurisdicción sobre el caso –la policía local, el FBI de Atlanta y la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego. Finalmente sería el FBI el que asumiría e mando, aunque el personaje que en la película interpreta Jon HammTom Shaw, nunca estuvo implicado en el caso. De hecho, no solo fueron los agentes Diader Rosario y Don Johnson los que investigaron a Jewell –siguiendo el chivatazo del antiguo empleador de Jewell en la Universidad de Piedmont, que le acusaba de celo excesivo en sus labores de seguridad y posible abuso de autoridad con los estudiantes (como se muestra en la película)–, sino que ni siquiera hay pruebas de que el tal Shaw existiera realmente…

Claire Folger © 2019 Warner Bros. Entertainment Inc. All Rights Reserved.

LA ESCENA DE LA DISCORDIA

Y esto nos lleva al meollo de la cuestión, la escena más polémica e históricamente cuestionable –y cuestionada– de la película, que está llevando a muchos a alinear a Eastwood con el cultivo de las fake news y el machismo que habitualmente se atribuyen a Donald Trump. En ella, la periodista del Atlanta Journal Kathy Scruggs (Olivia Wilde) se ofrece sexualmente a Shaw para que este le acabe dando el soplo de que el FBI tiene a Jewell como principal sospechoso. Tras recibir la valiosa información, la periodista se acuesta con el agente en lo que para muchos resulta una clara compra-venta de servicios, aunque la propia Olivia Wilde considera que ambos personajes ya habían tenido una relación romántica

¿Hay alguna prueba o indicio de que Scruggs obtuviese la información a cambio de favores sexuales en la vida real? Rotundamente, no. Lo único cierto es que ni ella ni el Atlanta Journal revelaron jamás la fuente de la que habían recibido el crucial soplo. Eso sí, cabe destacar que antes de dar la noticia sobre Jewell, el diario siempre se había negado a publicar información proveniente de gentes anónimas –lo cual no implica necesariamente que el motivo para hacerlo en esta ocasión fuese una obtención indecorosa o denigrante. 

Muchos consideran que esta “licencia poética” de Eastwood perpetúa el trasnochado estereotipo sexista de la reportera atractiva que extrae información vendiendo su cuerpo. Otros se limitan a señalar que, dado que la periodista falleció en 2001 (víctima de una sobredosis de morfina, a punto de cumplir los 43) y no puede defender su versión de los hechos, el retrato poco favorecedor que Eastwood ofrece de ella es una calumnia moralmente condenable. Por su parte, tanto el Atlanta Journal como la familia de Scruggs han exigido a Warner Bros., distribuidora de la cinta, que aclare que la película no está basada en hechos reales.

Claire Folger © 2019 Warner Bros. Entertainment Inc. All Rights Reserved.

LA RESPUESTA DE JEWELL

A partir de la noticia del Atlanta Journal, la información contra Jewell fue recogida y expandida por muchas otras publicaciones, creándose un juicio mediático que prácticamente imputaba la autoría del atentado a Jewell. Dicho esto, la película de Eastwood no se adentra en lo que sucedió cuando el protagonista finalmente quedó libre de sospecha: que él y su abogado Watson Bryant (Sam Rockwell) emprendieron un gran número de demandas contra los medios en cuestión –incluyendo siglas de la talla de NBC o CNN. Y aunque la mayoría de esos litigios acabaron en acuerdos extra-judiciales, Jewell perdió precisamente su demanda contra el Atlanta Journal cuando el Tribunal Supremo de Georgia dictaminó que lo que Scruggs y el diario habían publicado era cierto en aquel momento y que no había pruebas de actuaciones irregulares que se les pudieran imputar –una decisión que llegó cuatro años después Jewell muriera en 2007 (a los 44 años, por complicaciones de la diabetes que padecía).

Por último, cabe señalar que aunque en la película Jewell manifiesta su deseo de que la investigación del FBI le declare inocente para que puedan arrestar al verdadero culpable antes de que cometa más crímenes, lo cierto es que para cuando Erik Rudolph fue capturado en 2003, el terrorista ya había llevado a cabo otros tres ataques, detonando un total de cuatro bombas (una quinta fue interceptaba y desactivada), asesinando a otra persona e hiriendo a otras 12. La película opta por centrarse en su protagonista y en las serias consecuencias personales que tuvo la investigación en torno a él, dejando de lado estos otros atentados de importantes tintes ideológicos. Y es que Rudolph, que tras declararse culpable de todos los ataques y publicar una declaración de 11 páginas en la que justificaba sus acciones por la legalización del aborto y los derechos de los gays, había atentado específicamente contra dos clínicas abortivas y un bar de lesbianas

En definitiva, podemos concluir que si bien la historia que nos presenta Eastwood se articula en su mayor parte sobre hechos históricos –centrando su punto de vista en la vivencia personal de Jewell y realzando sus aspectos más emocionales– nadie puede negar que también contiene graves e infundadas acusaciones contra un importante personaje que hoy no puede defenderse y que para muchos también tendrían connotaciones sociales intolerables. Con todo y como siempre, la última palabra la tiene el espectador, que desde el pasado 1 de enero puede ver Richard Jewell en cines.

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