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La borrachera de Elizabeth Taylor casi le impidió presentar los Globos de Oro

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Si hace poco recordábamos el bizarro discurso que Jacqueline Bisset dio en los Globos de Oro y aquella vez en que Renée Zellweger no pudo salir a recoger su premio por encontrarse en el baño, nuestro repaso de los momentos más inolvidables, imprevistos e hilarantes de la antesala de los Oscar no iba a estar completo sin el que para muchos es el mejor de todos: el protagonizado por nuestra querida Elizabeth Taylor en 2001.

Elizabeth Taylor tuvo que ser asistida por el presentador Dick Clark durante la entrega del Globo de Oro a la Mejor Película Dramática en 2001. (Imagen: Chris Haston – AP Photo / Gtres)

Haciendo honor a su conocida afición a la bebida, la británico-americana –que falleció en 2011 a los 79 años y que pronto será objeto de un nuevo biopic protagonizado por Rachel Weisz– decidió asumir la tarea de entregar el Globo de Oro a la Mejor Película Dramática con algunas copas de más.

Y aunque tras ser presentada por Jeff Bridges fue recibida por el auditorio con la ovación que merecía una de las mayores estrellas de la historia del cine, todo ese respeto empezó a convertirse en cachondeo más o menos cómplice cuando, después de presentar con relativa corrección el premio que iba a anunciar, la alegre confusión de Taylor empezó a hacerse más que evidente.

Como puede apreciarse, la cosa ya da verdaderas señales de ir a torcerse cuando el teleprompter le indica a Taylor que lea los nombres de las películas nominadas (GladiatorTrafficErin BrockovichBilly ElliotJóvenes prodigiosos y Sunshine), pero ella prefiere ignorar el protocolo y empieza a rasgar con entusiasmo el sobre dorado –que únicamente contiene el nombre de la cinta ganadora.

Solo cuando un alma caritativa del público le hace ver que se está precipitando, la distraída Taylor recula (“¿Qué? ¿No están aquí? ¿Los leo de ahí arriba?”) y remata la faena con un toque de ese buen humor que la caracterizaba: “Soy nueva en esto. Normalmente me gusta que me los den a mí”.

Es entonces cuando el presentador Dick Clark tiene que salir en auxilio de la estrella, explicándole (no sin esfuerzo, ya que ella está a otra cosa e incluso le saluda en mitad de la explicación) lo poco que tiene que hacer: “No perdamos el suspense, primero lee los nominados”. “¿Y esto para qué es?”, pregunta Taylor agitando el sobre dorado, antes de entender por sí misma: “Ah, ya veo”.

Aunque la actriz comete otra encantadora metedura de pata –leyendo su propio nombre en el teleprompter–, la cosa parece encarrilarse de nuevo cuando por fin empieza a pronunciar con grandilocuencia los títulos de las películas candidatas al galardón. Pero el alcohol juega malas pasadas incluso a sus mejores amigos, y cuando Taylor cree haber salido airosa del trance, llega el momento crucial: “Y la ganadora es…

En ese momento, la actriz entrecierra los ojos con la mirada fija en el teleprompter y dice: “Me está indicando SOBRE”. Tras tomarse un par de segundos para asimilar la información, entiende que (ahora sí) debe abrir el sobre que tiene en las manos.

Una operación que demuestra ser más complicada de lo que podría parecer, en vista de la mirada extrañada con la que Taylor examina el contenido del sobre. Y por fin, con una alegría tan contagiosa como tronchante, exclama: “¡Gladiator!” Para terminar cerrando la gala al final con un “buenas noches a todos”, “a todos, a todos, a todos”.

Ya lo sentimos por Ridley Scott y su magnífica película, pero todo lo que vino después nos da igual. Aquella impagable intervención de Taylor fue, para nosotros, la cumbre de la gala 2001 de los Globos de Oro –y cualquier imprevisto cómico que suceda en la próxima edición (5 de enero) tendrá que medirse con esa vara.

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