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La historia de Pedro Almodóvar con la Academia termina con final feliz

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Tras una gala tan larga como criticada, la 34ª edición de los Premios Goya volvió a colmar de bendiciones a Pedro Almodóvar, otorgando a Dolor y gloria los galardones a Mejor PelículaMejor DirectorMejor Guion Original (Almodóvar), Mejor Actor (Antonio Banderas), Mejor Actriz de Reparto (Julieta Serrano), Mejor Montaje (Teresa Font) y Mejor Música Original (Alberto Iglesias). Nada menos que siete cabezones que, de forma más o menos directa, recaen en el hijo predilecto del cine español por haber abierto su corazón con la película más íntima y autobiográfica de su filmografía.

Pero no nos engañemos: lo de la noche del sábado fue sólo el capítulo más reciente en una larga crónica de amor y odio que bien daría para un guion del propio Almodóvar. Y es que el cineasta de 70 años lleva décadas enredado en un continuo tira y afloja con la Academia, enganchándonos a una historia tan apasionada, convulsa y excesiva como las de sus personajes –llena de halagos y desplantes, de caricias y bofetones, de rupturas y reconciliaciones. Y si repasamos la relación entre el cineasta y los premios a lo largo de los años, es inevitable que nos preguntemos si hemos llegado al final feliz de este cuento… o si aún nos depara nuevas sorpresas.

El cineasta manchego recoge el Goya a Mejor Película por Dolor y gloria, el último y feliz episodio de su tormentosa relación con la Academia del Cine. (Imagen: G3online; Jesus Briones / GTRES)

Para subirnos a esta montaña rusa emocional tenemos que remontarnos a 1987. Por entonces, un Almodóvar que casi rondaba los cuarenta había dejado atrás su etapa más amateur y experimental –representada por cintas míticas como Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montónEntre tinieblas o ¿Qué he hecho yo para merecer esto?– y se adentraba en una fase de progresivo refinamiento estético y formal, iniciada en 1986 por Matador y continuada un año después por La ley del deseo. Esta película, protagonizada entre otros por Eusebio PoncelaCarmen Maura y Antonio Banderas, iniciaba ese ciclo informal que continuarán La mala educación y la propia Dolor y gloria: historias sobre la frontera entre realidad y ficción, en las que el protagonista es un alter ego del cineasta manchego. Pese a ser uno de los hitos ineludibles de la filmografía de Almodóvar (solo la imagen, felliniana y a la vez enteramente original, de Carmen Maura siendo regada en plena calle madrileña, basta para atestiguarlo), la cinta pasó desapercibida en la primera edición de los Premios Goya. Fuese por la inseguridad y el conservadurismo de la Academia (el cine de Almodóvar seguía teniendo un fortísimo componente rebelde y transgresor), por la relativa inexperiencia del cineasta (que, no obstante, ya había dirigido seis largometrajes muy notables) o por alguna desavenencia personal que no ha trascendido, el hecho es que nuestro director vivo más insigne se quedó sin una mísera nominación en aquella primera gala. La relación entre Almodóvar y los Goya no podía empezar con peor pie.

ACADÉMICOS AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS

Todo buen guionista sabe que el truco para mantener implicado al espectador es saber alternar la fortuna y la desgracia, el amor y el sufrimiento –el dolor y la gloria, podríamos decir. Por eso resulta tan apropiado que al portazo en las narices con el que la Academia recibió a Almodóvar, le siguiese un abrazo caluroso y apasionado. Y es que solo un año después de aquel encontronazo, Almodóvar estrenaba la que para muchos es la mejor película de su filmografía (o al menos, de las del Almodóvar “clásico”): Mujeres al borde de un ataque de nervios. Este histórico taquillazo, protagonizado por Carmen Maura, Antonio Banderas y Julieta Serrano, arrasó en la tercera edición de los Goya con cinco cabezones (Mejor PelículaMejor Guion OriginalMejor Actriz Protagonista para Maura, Mejor Actriz de Reparto para María Barranco y Mejor Montaje) e introdujo a Almodóvar en la liga de los grandes al ser nominada al Óscar a la Mejor Película Extranjera (premios a los que, hasta fecha, el cineasta ha optado en cinco ocasiones, ganándolo en dos). La primera producción de la recién creada El Deseo (productora fundada por Pedro y su hermano Agustín) recibía así una lluvia de reconocimiento por parte de la Academia –sin duda debido a la genialidad de la película, pero quién sabe si también a modo de disculpa. Entonces, ¿paces hechas?

DESATANDO LAZOS

En absoluto. Y es que si el rodaje y la promoción de Mujeres… resultaron en la sonada ruptura entre Almodóvar y Carmen Maura (con aquel tierno pero incómodo “alto el fuego” en la 4ª edición de los Goya), la siguiente película del cineasta también estaba llamada a sembrar la discordia. ¡Átame!, la perversa y a la vez conmovedora historia de amor protagonizada por Victoria Abril y Antonio Banderas, partía a los Goya de 1991 con el récord histórico de nominaciones para una película: aspiraba a nada menos que 15 galardones. ¿Resultado? Cero. Todo o casi todo fue para ¡Ay, Carmela!, la cinta histórica de Carlos Saura (¿qué pasaba ese año con las exclamaciones?). Por si fuera poco, Maura arrebataba a Abril el Goya a Mejor Actriz, y el premio a Mejor Película iba a las manos del productor Andrés Vicente Gómez –enemistado con Pedro desde Matador. Un duro golpe para quien desde fuera –y en parte desde dentro– ya empezaba a ser visto como el director más relevante del cine español.

CABEZONES LEJANOS

Aquel varapalo marcaría la tónica del affaire Almodóvar-Goyas durante los 90. Aunque la Academia nunca más podría dejarle sin nominaciones, esos años supondrían para el cineasta su personal travesía del desierto en lo que respecta a taquilla, crítica y, sobre todo, galardones. En 1992 Tacones lejanos solo aspiró a cinco categorías “secundarias” y se fue sin nada, mientras que dos años después la denostada Kika optaba a ocho premios y sólo cosechaba el de Mejor Actriz para Verónica Forqué. Una tendencia a la baja que se prolongó con La flor de mi secreto y Carne trémula: aunque Almodóvar volviese a conquistar la taquilla con ambas, únicamente la primera tendría algo de reconocimiento en los Goya –un solo premio a Mejor Actor de Reparto, para Pepe Sancho. Mientras la Academia del Cine Francés otorgaba Mejor Película Extranjera a Tacones lejanos, por estos lares muchos agoreros ya señalaban el fin del “fenómeno Almodóvar”.

TODO SOBRE MI ÓSCAR

Y justo cuando la noche oscura del alma alcanzaba su máximo de negrura, se hizo la luz. En 1999, nuestro Pedro resurgía de sus cenizas con uno de los títulos más aclamados y exitosos de su carrera: Todo sobre mi madre. Un drama trágico y emotivo protagonizado por Cecilia Roth, Marisa Paredes, Antonia San Juan y Penélope Cruz, que fijaría las coordenadas estéticas y temáticas del futuro Almodóvar. La cinta no sólo fue uno de los mayores éxitos de recaudación del cine español (y la segunda película más taquillera de la filmografía de Almodóvar), sino que supuso el feliz reencuentro entre el cineasta y la Academia. Nada menos que 14 nominaciones a los Goya y 7 estatuillas ganadas –entre ellas Mejor PelículaMejor Director y Mejor Actriz para Cecilia Roth– en una gala que nadie podrá olvidar gracias a ese “Cumpleaños Feliz” que el auditorio le cantó al Príncipe Felipe a instancias del propio Almodóvar (aunque muchos hubiéramos preferido que Pedro se atreviera marcarse un solo a lo Marilyn). Como es sabido, Todo sobre mi madre fue la película más premiada de la historia del cine español y la tercera en ganar el Oscar a Mejor Película Extranjera (tras Volver a empezar y Belle Époque), colocando a Almodóvar en un pedestal de prestigio y reconocimiento del que ya nunca volvería a bajarse. Lo cual no quiere decir que sus problemas con la Academia hubiesen terminado…

HABLE CON LA ACADEMIA

Y es que a mayor honra, mayor el agravio posible. Pedro se sentía más querido que nunca en su tierra, con el consecuente peligro de acostumbrarse a una veneración colectiva que no siempre iba a ser igual de entusiasta. Tres años después de Todo sobre mi madre, estrenaba la también exitosa Hable con ella, protagonizada por Javier Cámara, Leonor Watling, Darío Grandinetti y Rosario Flores. Este inspirado y poético drama, con el que Almodóvar se asentaba definitivamente en su madurez creativa, fue no obstante mejor recibido en el extranjero que en España –algo que tuvo su reflejo en los Goya de 2003. La gala del “No a la guerra” mostró el rostro más decididamente político de la Academia y colmó de Goyas a Los lunes al sol, dejando a Almodóvar con 7 nominaciones y un único premio a Mejor Música Original para Alberto Iglesias.

Por si fuera poco, mientras que nosotros enviábamos la película de Fernando León de Aranoa a representarnos en los Óscar (para que luego ni siquiera figurase entre las cinco nominadas), estos sí ofrecían candidaturas a Almodóvar en Mejor Director y Mejor Guionista –alzándose el manchego con este último galardón. Dicho de otra forma: el director de cine más potente de España veía cómo su país le menospreciaba en favor de una cinta meritoria pero finalmente intrascendente, mientras que en Hollywood le llevaban prácticamente en brazos.

DE MUY MALA EDUCACIÓN

Dicho esto, a estas alturas Pedro era un referente internacional y su carrera artística estaba muy por encima de rencores y desencuentros institucionales. Dos años después de Hable con ella estrenaba La mala educación, un oscuro y complejo drama protagonizado por Gael García Bernal, Fele Martínez y Daniel Giménez Cacho, sobre traumas, abusos y pedofilia en el seno de la Iglesia Católica, con el que Almodóvar parte hacia su etapa más introspectiva y personal –retomando el esquema semi-autobiográfico de La ley del deseo y lo combinándolo con una mirada de crítica y reivindicación social (quien sabe si inspirado por la repercusión de Los lunes al sol). El resultado en taquilla fue más que digno (aunque bastante por detrás de sus dos éxitos anteriores), pero entre la crítica hubo serias divisiones, algunas de marcado corte ideológico (no olvidemos que el estreno tuvo que retrasarse por los atentados del 11-M y Almodóvar tuvo que pedir disculpas por señalar un intento golpista por parte del gobierno de José María Aznar).

En cuanto a la acogida por parte de la Academia, la cosa no podía ser peor: La mala educación solo obtuvo cuatro nominaciones y no ganó ningún premio, mientras que Mar adentro se llevó 14 (la cinta de Amenábar también ganaría el Óscar a Mejor Película Extranjera). El divorcio estaba servido: tras un progresivo alejamiento, Pedro y su hermano Agustín se dieron de baja en la Academia. ¿El motivo oficial? “El desacuerdo con el sistema de votación, así como otros aspectos que rigen el funcionamiento de la Academia, tales como la falta de información en cuanto a número de participantes en las distintas votaciones”, según un comunicado oficial de El Deseo recogido por El Mundo. En una posterior rueda de prensa, el director aducía razones más personales: “Hay algo en la Academia, no ya con respecto a mí, sino a la gente que trabaja conmigo, que parece muy injusto”.

VOLVER (A EMPEZAR)

Llegados a este punto, la relación entre la Academia y el director había alcanzado el punto de congelación y se convertía en la comidilla de cada nueva edición de los premios. Y como en una montaña rusa diseñada a la perfección, tras esta caída a los abismos tocaba un nuevo ascenso –aunque quizá no tan inmediato como cabría esperar. En 2006 Almodóvar volvía más fuerte que nunca con Volver, la película más taquillera de su filmografía y para muchos la mejor de su etapa de madurez como director (quizá hasta la propia Dolor y gloria). Protagonizada por Penélope Cruz, Carmen Maura, Lola Dueñas y Blanca Portillo, esta conmovedora historia sobre varias generaciones de mujeres sufridoras no sólo devolvió al cineasta a sus raíces manchegas, sino que también hizo posible su reencuentro y (relativa) reconciliación con su musa de antaño, Maura.

Como ya sucediera con Todo sobre mi madre, la película ganó premios en el Festival de Cannes y hasta hizo que Penélope Penélope Cruz estuviera nominada al Óscar a Mejor Actriz. La Academia no podía hacer oídos sordos a semejante clamor y en 2007 le concedió nada menos que 14 nominaciones y cinco galardonesMejor PelículaMejor DirectorMejor Actriz (Cruz), Mejor Actriz de Reparto (Maura) y Mejor Música Original (Iglesias). Sin embargo, esta vez el desplante vendría por parte de El Deseo y no sería menor, ya que Pedro optó por no acudir a la gala y Pénelope lo recibió en su lugar.

ABRAZOS RECOMPUESTOS

Como decíamos, la reconciliación fue lenta y requirió el esfuerzo de terceras partes. Tras años sin saber de Almodóvar, en 2010 Los abrazos rotos partía con cinco nominaciones a los Goya y se alzaba sólo con el premio a Mejor Música Original para Alberto Iglesias –un triste resultado que no debió de contribuir demasiado al acercamiento. Quien sí lo hizo, y en esa misma gala, fue el recién estrenado Presidente de la Academia, Álex de la Iglesia –que logró logró convencer a Almodóvar para que regresara a “su casa” y entregara el Premio a Mejor Película a Celda 211. Aquel tímido pero aplaudido gesto sería el primero de un reencuentro muy deseado por la industria, y dio sus frutos cuando en 2011 tanto Pedro como Agustín volvían a ingresar en la Academia. Por su parte, al año siguiente esta premiaría La piel que habito (el retorno del “Almodóvar perverso” de ¡Átame!) con cuatro importantes GoyasMejor Actriz para Elena AnayaMejor Actor Revelación para Jan CornetMejor Maquillaje y Peluquería y Mejor Música Original para Iglesias –quien por cierto entre los que ha ganado junto a Almodóvar (incluido el de este año) y todos los demás, suma la cifra récord de 11 cabezones.

Aunque los galardones más importantes fuesen para la película de Enrique Urbizu, No habrá paz para los malvados, el cineasta manchego y la institución por fin volvían a mirarse a los ojos y se estrechaban la mano. Y si bien la experiencia aconsejaba cautela y la incertidumbre aún se cernía sobre sobre el futuro de su relación, parecía claro que ambas partes lo afrontarían con madurez y serenidad.

AMANTES PERMANENTES

Por eso, la única nominación que tendría Los amantes pasajeros –el cuestionable intento de Almodóvar por regresar a la comedia desenfadada con que iniciara su andadura– no llegaría a hacer mella en el cineasta prueba de ello fue su participación en la gala de 2015, durante la cual entregó el Goya de Honor a su amigo Antonio Banderas). Almodóvar ya sabía a qué atenerse, miraba hacia adelante y confiaba en el siguiente proyecto: Julieta. Su 20ª película como director fue un complejo drama maternofilial protagonizado por Emma Suárez y Adriana Ugarte, una historia densa y fragmentada, que la Academia quiso reconocer con siete nominaciones y un premio a Mejor Actriz para Emma Suárez. De nuevo, quizá un palmarés algo escaso para una figura de la talla de Almodóvar… pero que el manchego supo recibir con una sonrisa de gratitud.

Su actitud paciente y madura se vería recompensada pocos años después, cuando Dolor y gloria no solo se convirtió en su mayor éxito de taquilla en la década de los 2010, sino que también le volvió a bañar en las cálidas aguas del reconocimiento internacional –con premios en Cannes, destacada presencia en los Globos de Oro y calificación por parte de la revista Time como la “la mejor película del año”– y, sobre todo, le devolvió el aplauso nacional. Y es que tras triunfar en los Premios Feroz, Almodóvar igualó el récord que él mismo batió con ¡Átame!, recibiendo hasta 15 nominaciones en los Goya 2020. Eso sí, a diferencia del vacío de manos con el que se volvió a casa en 1991, esta vez obtuvo 7 importantísimos premios. La guinda del pastel la pone la nominación de Dolor y gloria al Óscar a Mejor Película Internacional en la 92ª edición de los Premios de la Academia, que tendrá lugar el próximo 9 de febrero (el 10 según horario europeo) –donde lo tendrá bastante más difícil contra Parásitos.

EL FUTURO: ¿DOLOR O GLORIA?

Aunque está por ver si esta nueva “edad dorada” en la relación Almodóvar-Academia persiste los embates del tiempo o si, por contra, otra tempestad se perfila en el horizonte, la veteranía de ambas partes nos hace pensar que, pase lo que pase, los grandes piques y desplantes han quedado atrás. No más duelos a lo Pimpinela: podrá haber desacuerdos, quizá incluso enfados, pero apostamos a que la sangre no llegará al río como en el pasado. Al fin y al cabo todos, incluso los propios espectadores, salimos beneficiados del buen entendimiento entre los premios más importantes de la industria del cine español y su más notorio representante.

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