Clara Bow, el primer icono feminista del cine que fue olvidado por Hollywood


Hoy muy pocos recuerdan su nombre, pero Clara Bow fue de las actrices más aclamadas por el público en los años 20 y 30. Fue uno de los primeros símbolos sexuales del cine, incluso antes que Jean Harlow, y durante un tiempo se creyó que había sido la fuente de inspiración de Max Fleischer para crear a Betty Boop (que en realidad fue la cantante Helen Kane). Fue quien personificó por primera vez el término “It woman”, hizo decenas de películas en 11 años y fue uno de los nombres que más rellenaban los tabloides de la época. Pero a casi un siglo de su éxito, es de las más olvidadas por Hollywood.

Clara Bow podría definirse como la primera imagen feminista del cine y la antecesora de Marilyn Monroe, un torbellino interpretativo con un magnetismo que todavía penetra en el espectador incluso a través de sus películas mudas de los años 20. Su independencia feminista e imagen de femme fatale la convirtieron en una rebelde sin causa entre la élite hollywoodense y en protagonista de muchos escándalos, con frecuencia falsos. Tuvo una infancia adornada por los acontecimientos más terribles y un ultimate solitario empañado por las enfermedades mentales.

Una historia que merece ser contada. Y recordada.

<p>Imagen publicitaria de Clara Bow para la pel&iacute;cula Hula (1927); <a href=”http://thesilentmovieblog.wordpress.com/” goal=”_blank”>Paramount Photos</a> , Licencia: Dominio P&uacute;blico</p>

Nacida en Brooklyn en 1905 en la pobreza más extrema, Clara Bow creció junto a un padre alcohólico y una madre con problemas mentales que ejercía la prostitución en su casa para pagar el alquiler. Formó parte de la primera generación de adolescentes que encontraron escapismo en el cine, y aunque su madre le había prohibido ser actriz, ella se inscribió en un concurso de talentos a sus espaldas.

Sin embargo, una noche despertó con un cuchillo de carnicero sobre el cuello. Lo sostenía su madre. Huyó y pasó tres días viviendo en las calles hasta que se atrevió a volver a casa y descubrir que su madre no recordaba lo sucedido. Enseguida la internaron en un centro psiquiátrico del que nunca salió -y donde fue diagnosticada de sufrir psicosis producida por ataques de epilepsia- y fue durante esta época, a solas con su padre alcohólico, que él la violó a los 16 años.

Pero la vida tomó un rumbo inesperado. Pocos días después de internar a su madre, supo que había ganado el concurso. Hizo su primera película en 1922, Past the rainbow, para vivir su primera decepción al descubrir que sus escenas habían sido eliminadas el día que fue a verla con sus amigas. Pero enseguida hizo su segunda película, demostrando el magnetismo que tenía delante de la cámara sin ninguna experiencia o entrenamiento en arte dramático. Un año después, cuando rodaba la tercera, su padre la visitó para darle la noticia que su madre había muerto por un ataque de epilepsia.

Con apenas 17 años ya tenía cuatro películas a sus espaldas y un contrato con Most well-liked Photos que le valió su billete de ida a Hollywood, uno de los estudios con peor reputación de la época que se aprovechó de su inocencia ofreciéndole un contrato que solo le pagaba $50 a la semana mientras los ejecutivos ganaban miles de dólares con su trabajo. Pero ella period joven y triunfaba. Su fama crecía a pasos agigantados y su padre -que nunca dejó la bebida- decidió instalarse en su casa viviendo a su costa. Un detalle que a muchos costará comprender conociendo la horrible infancia que vivió a su lado.

En 1925, y con 20 años, ya había hecho 15 películas. Period tan expresiva que el cine mudo period perfecto para ella. Solía interpretar a jóvenes enamoradas con imagen de vecina amigable que buscaban conquistar al hombre de sus sueños. Sus personajes no eran damiselas en apuros, sino que eran mujeres independientes que se lanzaban a la conquista sin esperar que el hombre diera el primer paso. Fue uno de los iconos del “flapper”, un movimiento de los años 20 que definió a la mujer nueva del siglo XX. Mujeres que rompían los estándares de la period, con faldas más cortas, bebiendo alcohol y con una actitud más informal sobre el sexo. Todo ello combinado con la personalidad explosiva de Clara y su expresividad sin tapujos, la definieron como un icono del momento que atraía tanto a hombres como mujeres a los cines.

Su mayor éxito llegó en 1927 con la película It, basada en el bestseller de Elinor Gly que definía el issue único que tiene una mujer entre miles para destacar sobre el resto. Paramount Photos compró los derechos de la novela e hizo que la autora definiera a Clara Bow como “una chica it” pagándole 50.000 dólares, según cuenta el biógrafo David Stenn en el documental de BBC, Hollywoods Misplaced Display screen Goddess, e hicieron la película con ella. La historia de una vendedora que conquista a su jefe fue algo revolucionario por entonces. Curiosamente, aquel personaje fue el mismo que inspiró la imagen del personaje de Bérénice Bejo, Peppy, en The Artist.

Tras el éxito de su corta carrera, Clara Bow recibía más cartas de followers que ninguna otra estrella de la época llegando a coleccionar 33.727 únicamente en el mes de mayo de 1928. Sin embargo, mientras el público se identificaba con ella, la élite de Hollywood se alejaba. Nunca fue aceptada por la alta sociedad e incluso su amiga Joan Crawford le dio la espalda. Su fama subía pero también su mala reputación, al hablar abiertamente sobre sus affaires con figuras de la talla de Gary Cooper o Victor Fleming, y no respetar los códigos de glamur que exigía la industria. Los biógrafos describen que period muy cercana con el equipo técnico y sus followers, y cuando dio una entrevista donde revelaba abiertamente su niñez y pasado, hizo que Hollywood la viera como una amenaza al mostrar una imagen humana de unas estrellas que se suponían inalcanzables.

Según el biógrafo David Stenn, Clara Bow period directa y “masculina” en su manera de buscar la atención del hombre que quería. Sus personajes, su actitud abierta y los tabloides fueron generando una reputación de libertinaje sexual que la relacionó con orgías, bisexualidad, drogas y un largo etcétera. Sin embargo, mientras por fuera se decía una cosa, por dentro vivía una realidad diferente. Había un historial de enfermedades mentales en su familia, por parte de su abuelo y su madre. Sufrió de insomnio toda su vida, y tantos años de trabajo constante más el acoso de la prensa le pasaron factura. Así, tuvo su primera disaster nerviosa en un rodaje siendo aún muy joven.

A pesar de tomarse un descanso, su rostro seguía siendo solicitado por el público, y enseguida volvió al trabajo. Logró una transición exitosa al cine sonoro en 1929 y eso que no tenía entrenamiento interpretativo y se había convertido en estrella siguiendo las directrices de un director que le decía lo que debía hacer en cada escena, utilizando solo el rostro y su cuerpo como forma de expresión. En siete años había hecho 46 películas mudas.

Pero en 1930 su vida dio un giro radical al conocer al también actor Rex Bell. Tenía 25 años y tras la publicación de un artículo falso sobre ella, decidió abandonar Hollywood de una vez por todas. Las habladurías y el escrutinio, junto al cansancio psychological, pudieron con ella y fue un busca de una vida más tranquila. Contrajeron matrimonio y se marcharon a vivir a un rancho en Nevada. Pero el éxito la perseguía, y a pesar de haber logrado alejarse de los focos, los estudios Fox la convencieron con un cheque jugoso para que hiciera dos películas más. Las últimas dos de su carrera: Sangre rebelde (1932) y Hoopla (1933).

Y así lo hizo. Fueron un éxito y dos de las mejores interpretaciones de su carrera. Podría haber continuado y, quien sabe, superar el legado de Marilyn Monroe, pero dejó todo de forma radical cuando tenía 28 años.

Volvió al rancho y formó una familia con Rex. Tuvieron dos hijos, pero la sombra de las enfermedades mentales la perseguían. Fue cuando su marido decidió comenzar una carrera en política que ella empeoró. El miedo a revivir el escrutinio público la llevaron a aislarse y en 1944 cuando él estaba en campaña para la Cámara de los Representantes, Clara intentó suicidarse dejando una nota que decía que prefería morir que regresar a la vida pública.

En los años siguientes su comportamiento errático empeoró y en 1949 se internó en un centro psiquiátrico para tratar su insomnio y dolores abdominales. Se sometió a varias pruebas, que la terminaron diagnosticando con esquizofrenia. Hizo terapia electroconvulsiva por voluntad propia, porque según dijo a sus hijos, la ayudaban a olvidar su niñez (según revela el documental de la BBC). Llegó a pasar hasta 10 meses internada y al salir del instituto no volvió con su familia. La terapia había sacado a la luz lo peor de su niñez y se refugió sola en una pequeña casa de Culver Metropolis, donde vivió hasta su muerte.

Su marido murió de un ataque al corazón en 1962, y ese funeral fue su primera aparición pública en más de una década. Vivía bajo el cuidado constante de una enfermera y murió a los 60 años de un ataque cardíaco en septiembre de 1965.

Clara Bow murió sola, lejos de los focos que un día la iluminaron con todas sus fuerzas. Fue la reina olvidada de Hollywood que period capaz de coquetear con la cámara con una sola mirada. Solo hace falta comprobar algunas de sus escenas en YouTube y descubrir el potencial que tenía. Muchas de sus películas desaparecieron e incluso antes de morir había sido olvidada por muchos historiadores de cine que nunca colocaron su nombre junto a otras estrellas de la period como Greta Garbo, cuando Clara fue aún más fashionable en taquilla. Prueba de ello es que el Instituto de Cine Americano la excluyó de su lista de “100 años… 100 estrellas” de 1999. Ni el historiador de cine Kevin Brownlow la nombró en su libro dedicado al cine mudo, The Parade’s passed by de 1968. Tan solo 35 años después de su última película ya no la recordaban.

Clara Bow fue el primer modelo cinematográfico de la mujer independiente. Una estrella que no tuvo miedo a ser actual y pure en una época en donde Hollywood vivía tras la nube del misticismo celestial en donde todo period perfecto. Fue recién un siglo más tarde, hace tan solo un año, que la realidad comenzó a salir a la luz gracias al movimiento #MeToo. De 57 películas que hizo, unas 30 han sido preservadas. E incluso ahora esas escenas siguen transmitiendo la misma magia.

Fuentes de consulta: documental Hollywoods Misplaced Display screen Goddess, de BBC. Capítulo de Hollywood Mysteries and Scandals, de E!. BBC Tradition y The Guardian.

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