no es solo una película de vaqueros homosexual


En las últimas décadas no hubo un Oscar que provocara más polémica que el otorgado a Crash en 2006, por encima de la favorita de aquel año, Brokeback Mountain. En Terreno vedado (o Secreto en la montaña en Hispanoamérica). Todavía hoy es difícil comprender qué vieron las votantes de la Academia en aquella propuesta social de intenciones obvias por encima de la sutileza del drama common que nos contó Ang Lee.

Y sí, digo common porque es imposible calificarla como un drama homosexual sin más, como muchos la definieron desde el año de su estreno. Antes, durante y después de su llegada a los cines, la película fue fruto de bromas homófobas y de titulares que la resumían como una “película de cowboys homosexual”, algo que Heath Ledger detestaba. Así lo reveló su compañero Jake Gyllenhaal a Right now hace unos días, contando que el australiano no permitía que nadie hiciera bromas homófobas sobre el filme en su presencia. “Es lo que me encantaba de Heath. Nunca bromeaba. Si alguien quería hacer una broma sobre la historia, él decía ‘No. Esto es sobre amor. Es todo, no”.

Pero Ang Lee consiguió crear una película que terminó cobrando vida propia después del éxito. Una adaptación del cuento corto de Annie Proulx sobre dos vaqueros, Ennis Del Mar (Heath Ledger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal), que se conocen en el Wyoming de 1963 mientras cuidan a ovejas en la montaña ficticia de Brokeback, pasando día y noche juntos despertando la llama del amor. Pero el trabajo llegaba a su fin y cada uno seguía con su vida, contrayendo matrimonio y teniendo hijos, pero durante años volvían siempre a la misma montaña. La única que period testigo directo de aquel amor. Este romance clandestino de veinte años que perdura hasta la muerte de Jack provocó un fenómeno que cambió la carrera de Gyllenhaal “abriéndole un montón de puertas”, pero que también ha rellenado foros y debates que se dividen en dos. Por un lado, existen debates en la purple que discuten la tendencia sexual de los protagonistas, Jack y Ennis, teorizando sobre si eran homosexuales o bisexuales. Como si una tendencia u otra pudiera explicar sus naturalezas, sentimientos y características. En realidad, es lo de menos en esta historia por mucho que algunos espectadores necesiten etiquetarlos para darle más sentido a sus sentimientos. Y para que quede más claro puedo citar a Heath Ledger, que antes de morir dijo a la revista TIME que “el quid de la cuestión es que se trata de dos almas que se enamoran”.

Pero también existe otro debate paralelo que ha enfurecido a la autora de la historia, hasta el punto de que llegó a arrepentirse públicamente de haberla escrito. Y para explicarlo debo remontarme al closing (atención si no la viste todavía). Y es que la película le da un closing al personaje de Jack Twist (Gyllenhaal) que ha confundido a los espectadores desde entonces, cuando Ennis Del Mar (Ledger) llama a la esposa de su amante (Anne Hathaway) para descubrir que ha muerto. Ella le cuenta por teléfono que murió ahogado en su propia sangre después de que una goma explotara cuando estaba inflando una rueda y le golpeara en la nariz. Pero mientras ella relata lo sucedido con distancia y aparente rabia contenida, como si supiera la verdadera relación de Ennis con su difunto marido, Ennis lo imagina siendo golpeado por tres hombres en un supuesto ataque homófobo, fruto de las consecuencias de la violencia que atestiguó de pequeño y del miedo interno a que el mundo conozca su verdadero amor.

Anne Hathaway brilla en este momento al demostrar tanta rabia como compasión por quien amó a su marido tanto o más que ella. Pero este closing provocó interpretaciones erróneas o diferentes a las que había imaginado Annie Proulx cuando escribió su historia. Y es que en su novela el closing es diferente (atención spoiler): Jack muere en un ataque homófobo. No hay dudas ni alucinaciones, desvelándose como un cuento que esconde un mensaje directo contra la homofobia y no un historia de amor imposible sin más.

Como la película tiene un closing más ambiguo y confuso, muchos espectadores enganchados a la historia suelen escribir a la autora sugiriéndole finales diferentes o más esperanzadores. Algo que ella detesta. “Desearía jamás haber escrito la historia” dijo a Paris Assessment hace cinco años. “Ha sido la causa de muchos problemas, molestias e irritación desde que salió la película… Tanta gente ha malinterpretado la historia. Creo que es importante dejar espacio en una historia para que los lectores la rellenen con su propia experiencia, pero desafortunadamente la audiencia de Brokeback tiene vidas fantasiosas muy poderosas” dijo.

Contaba que muchos hombres le escriben dándole un closing feliz al cuento de Jack y Ennis, hasta el punto de que se toman la libertad de reescribirlo, y eso la enfurece. “No son sus personajes. Esos personajes me pertenecen a mí por ley” dijo enfadada. “No pueden entender que la historia no es sobre Jack y Ennis. Es sobre homofobia; es sobre una situación social; es sobre un lugar y una forma de pensar explicit y su moralidad”.

Para dar más perspectiva al asunto debería añadir que Annie Proulx no suele tomarse las críticas con deportividad. Ya cuando la cinta perdió el Oscar a mejor película contra Crash, calificó a la ganadora como “Trash”, que en inglés significa “basura”, en un periódico de 2006. Pero, a fin de cuentas -y aunque me parezca absurdo escribirle a un autor para quejarme de su escritura solo porque el closing no es de mi agrado- el debate aquí es que ella tuvo una intención al escribir la novela corta, y Ang Lee tuvo otra con la película.

Proulx quiso contar una historia contra la homofobia, y Ang Lee vio una historia de amor en un ambiente de silencios y actitudes de macho rudo que luchan internamente contra lo que les pide el alma. Es cierto que fue la primera película que llevó una historia de amor entre dos hombres a las grandes masas , abriendo el camino -lento pero seguro- a la igualdad de historias cuando ni la sociedad ni Hollywood aún estaban preparadas del todo. Prueba de ello fueron las bromas y el resumen injusto de ser meramente una “película de vaqueros homosexual”, pero también que la frivolidad de las mentes más conservadoras llegó a acusar a Hollywood de promover una agenda gay con ella. Es más, hasta Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Matt Damon y Ryan Phillippe rechazaron participar en la producción cuando Gus Van Sant pensó en dirigirla primero (pero decidió hacer Milk en su lugar, sobre el activista por los derechos homosexuales, Harvey Milk). Así lo reveló el cineasta a IndieWire el año pasado, afirmando que “nadie quería hacerla” porque cuando le preguntó a los actores del momento “todos dijeron que no. Sí, todos esos jóvenes caballeros [de entonces] rechazaron el proyecto por diferentes motivos”. Pocos creyeron que el mundo estuviera preparado para ver esta historia de un romance prohibido entre dos hombres en una montaña, y uno de ellos fue Ang Lee.

“Creo que llamarla una película de vaqueros homosexual es fácil, porque parece ser una connotación de que es una broma” dijo Ang Lee a BBC el año del estreno. “Creo que es una historia de amor seria, pero creo que hay personas que podrían tener un problema con ella”.

Ang Lee decidió hacerla justo cuando estaba planteándose abandonar el cine tras quedarse agotado por el stress de una súper producción como Hulk (2003) y el resultado fue una de las pocas películas que ha conseguido superar la barrera del tiempo al contarnos una historia de amor entre dos hombres que resulta common. Es un amor imposible que se comprende desde todos los ángulos, sin importar la orientación sexual del espectador aunque, como dijo Lee, lamentablemente no todos los espectadores estuvieron o están cómodos con la thought. El enamorarse, el miedo al qué dirán, la lucha contra los sentimientos propios, la negación o el dolor de la separación son sentimientos y sensaciones universales que transmiten estos personajes a través de las inolvidables interpretaciones de sus actores, ambos nominados al Oscar (Ledger a Mejor Actor y Gyllenhaal a Mejor Actor de Reparto).

Brokeback Mountain, que terminó ganando el Oscar a Mejor Dirección, Guion Adaptado y Música, contagia más sensaciones y comprensión con un segundo o tercer visionado. Es una película que aporta más en sus silencios, miradas, reacciones y paisajes que lo que cube en palabras. Como Ennis cuando reacciona con violencia contra Jack como una vía de escape al luchar internamente contra lo que siente. O el mero uso de una frase corta pero efectiva capaz de romper el corazón de cualquiera cuando Jack le cube a Ennis: “Ojalá supiera cómo dejarte”.

Es una película sutil pero llena de sentimientos con dos personajes que no saben cómo explorarlos o expresarlos siquiera. Y que por culpa del miedo al qué dirán de Ennis, pierden la libertad de crear lo que les pide el corazón. Es una visión de la historia que se aleja de los estereotipos homosexuales representados hasta entonces en el cine para las masas, pero que se atreve a cambiar la imagen de vaqueros pistoleros o héroes a caballo de naturaleza fría y dura para convertirlos en dos seres humanos que se enamoran. Fue algo nuevo para entonces, un paso hacia adelante en la representación LGBT en common en el cine. Y por eso no es solamente una película de cowboys homosexual. Es mucho más que eso.

Para seguir leyendo:

Adiós a Rutger Hauer: la historia del monólogo más icónico de Blade Runner

Ridley Scott, el director que hace cine por pura pasión a los 81 años

A propósito de Llewyn Davis, la película más infravalorada de los últimos años por fin ocupa su lugar

Moon, el thriller de ciencia ficción nacido por amor

Euphoria: la serie que desafía al espectador con desnudos frontales, drogas y el retrato de una adolescencia melancólica



Supply hyperlink

اترك تعليقاً

لن يتم نشر عنوان بريدك الإلكتروني. الحقول الإلزامية مشار إليها بـ *