el veterano se hizo mayor y ha perdido la gracia


PUNTUACIÓN: 20/100

Si John Rambo fue una secuela que solo funcionaba para darle un final humano al veterano de Vietnam, su quinta entrega recicla y tira con más de lo mismo. Rambo: last blood llega a los cines de España el 27 de septiembre, dedicada sobre todo a los fans de Sylvester Stallone, aunque los amantes del clásico de 1982 podrán sentir que están viendo un personaje completamente diferente.

37 años después muy poco queda de aquel Rambo de Acorralado, y lo que nació como un ejercicio a las consecuencias bélicas aquí se convierte en un thriller de clichés y violencia sin venir a cuento. Los malos son muy malos, y el bueno lo es más aún.

Desde que volvió a casa, Rambo se ha asentado en la vida rural de héroe local pero todavía sufriendo las secuelas de la guerra. Vive en un búnker construido debajo de su casa y se mantiene ocupado con los quehaceres de su rancho, una realidad dramática que se antoja la más realista de la trama. Pero no vive solo. Aquel guerrero solitario ahora comparte su hogar con una mujer latina -haciendo que Sly desempolve un poco de español- que cuida de la casa desde que vivía el padre del protagonista, y su nieta. Una joven que Rambo vio crecer y que quiere como si fuera su propia hija. Probablemente la única persona por la que siente algo similar a la familia.

Pero la vida idílica de cowboy termina cuando la joven decide escaparse para ir en busca de su padre, cruzando la frontera mexicana, solo para terminar siendo secuestrada por un cartel de trafico de mujeres. Y así la película pasa de ser una secuela sobre cómo Rambo rehizo su vida tras las masacres vividas, a una especie de Venganza (Liam neeson) o Blood Father (Mel Gibson) sobre un padre violento capaz de cobrarse justicia por su cuenta y que cambia el tono de aquel Rambo de Acorralado.

Rodeado de españoles como Paz Vega, como su heroína, Óscar Jaenada y Sergio Peris Mencheta como villanos, Stallone protagoniza una secuela con la misma firma violenta del pasado, pero con tintes de drama y thriller que recaen en los clichés más recurrentes que la hacen la entrega más previsible de la saga.

Rambo, el mismo que se enfrentó a tropas en los rincones más peligrosos del mundo, esa máquina militar infalible, cae en la apatía extrema; muy lejos del drama redondo que el mismo actor logró darle a Rocky con su final. Rambo se hizo mayor y ha perdido la gracia.

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