La condena que Anne Bancroft tuvo que pagar por interpretar a la Sra. Robinson en ‘El Graduado’


Por Teresa Aranguez.- A veces las cosas no son como parecen. Pero gracias a la magia del cine lo imposible se hace posible. Lo que se vive delante de las cámaras no es necesariamente lo que ocurre detrás de ellas. Hay romances del séptimo arte que nos hicieron creer en el amor eterno mientras sus actores se tiraban los trastos a la cabeza. O escenas que parecen salir de un cuento de hadas pero cuyo rodaje fue una auténtica pesadilla. Algo parecido le sucedió a una gran dama del cine llamada Anne Bancroft, que en estos días hubiera cumplido 87 años si no hubiese sido porque un cáncer uterino se la llevó en el 2005, dejando un gran vacío en la gran pantalla y en los corazones de quienes aman el cine.

Dustin Hoffman y Anne Bancroft en El Graduado (1967, © Metro-Goldwyn-Mayer Studios Inc. All Rights Reserved.)

Todo en ella era inolvidable. Su sonrisa nostálgica, su elegancia al hablar, su mirada seductora y, por supuesto, su trabajo siempre impecable. No se le resistió ningún premio, ni el Oscar, Globo de Oro o el BAFTA, y hasta ganó un Tony en sus inicios en el teatro. Hizo de todo y con matrícula de honor. Su primera película le llegó a los 21 años, Niebla en el alma, junto a Marilyn Monroe, y desde entonces no paró de hacer cine. La cámara se enamoró de su belleza poco tradicional y masculina, convirtiéndose en una de las actrices más cotizadas de este universo aparte llamado Hollywood.

Sin embargo, atrapada por sus poderosas garras la actriz también llegó a ser una de sus grandes víctimas. Ocurría con la llegada de un papel que supondría un antes y un después en su vida (no sabemos si para bien o para mal), el de la madura señora Robinson en El Graduado, del director Mike Nichols. Apenas tenía 35 años, pero los prejuicios sociales y Hollywood se las apañaron para transformarla en la representación física de la palabra ‘cougar’, la mujer madura que seduce a más jóvenes. Así, se metió en la piel de una cuarentona amargada en su matrimonio que le hace ojitos al inocente y repeinado novio de su hija, interpretado por Dustin Hoffman. Cuando éste tan solo era 6 años menor que ella en la vida real. Se trataba de una joven promesa que hasta entonces nadie conocía y cuyo paso por los brazos de Anne le hizo entrega de su pasaporte al estrellato. La historia casi rozó el escándalo por el tema y la época. Mujer casada, aficionada al alcohol y al tabaco, es infiel a su marido con el pretendiente de su hija. Todos los ingredientes para convertirse en un bombazo de taquilla y un referente del séptimo arte. Pero también en la maldición de Anne.

Dicha historia serviría de referente a títulos posteriores como Malena, La Luna, The Reader o La pianista, donde mujeres maduras mantienen relaciones con hombres mucho más jóvenes. Aunque ninguna con el alcance y la huella que su original.

Una impronta que supuso toda una faena para la actriz ya que, como era de esperar, quedaría encasillada en los papeles de mujer madura, amargada, de amores imposibles y relaciones tormentosas. Hollywood, entonces doblemente machista y terreno absoluto de la testosterona, sin querer queriendo castró su talento y le cerró las puertas a otros papeles. Pero ella, mujer inteligente y con las ideas bien claras se negó a repetir el mismo patrón y dijo no a todos los personajes que guardaran relación con la señora Robinson. Así lo contó el periodista Douglas K. Daniel, autor del libro biográfico Anne Bancroft: A Life. “Se mantuvo alejada de ese tipo de papeles. Se daba cuenta que la gente siempre quería hablar de la Sra. Robinson. Con los años se cansó porque ella sentía que tuvo otros personajes muy buenos que fueron opacados por éste por lo bien que lo hizo y por lo popular que fue la película”, expresó en sus páginas.Y tenía toda la razón. Su éxito se convirtió en una especie de condena.

Fue ya pasados los 60, con la madurez y experiencia que dan los años que logró reconciliarse con él y con la señora Robinson, que no dejaba de ser una pobre mujer con sueños frustrados que nunca pudo llegar a cumplir debido a la vida convencional y aburrida que le había tocado ejercer. Divertida y siempre encantadora, se lo confesó sin pelos en la lengua al periodista Charlie Rose en una amena charla. A la pregunta de, ¿te gusta El Graduado? Anne respondió como sólo ella podía hacerlo. “Me gusta ahora. Cuando la estábamos haciendo encontré tantos problemas que experimenté muchos conflictos”, expresó sincera.

Anne Bancroft (Agencia: RadialRP; Autor: RP; Copyright: GTRES)

Recuerda que cuando leyó el guión quedó prendida de inmediato con la historia, estaba emocionada y con todas las ganas de embarcarse en la aventura. Hasta que algo la frenó. “Pensé que iba a ser muy fácil quitarme la ropa y quedarme desnuda”, dijo de la escena del guión donde tenía que mostrarse como Dios la trajo al mundo frente a Dustin. Pero nada que ver. “Cuando llegó el día en que tenía que hacerlo no pude, simplemente no pude”. Y no sólo eso, además se enfermó de neumonía, en parte, y según ella, por toda la presión, así que su desnudo fue finalmente hecho por una doble. “No sabía que no podía hacerlo hasta que llegó el momento”. Su negativa enfadó hasta al apuntador, especialmente al director, pero a ella no le importó, su instinto y su bienestar estaban por encima de cualquier guión. El asunto se zanjó pero ese malestar le persiguió durante mucho tiempo. Incluso se negó en rotundo a ver la película en aquel entonces, no fue hasta años después que logró sentarse a disfrutarla de principio a fin y apreciar su belleza tanto física como actoral. Afortunadamente ese capítulo gris no empañó la felicidad que Anne pudo disfrutar en lo personal.

A diferencia de su famoso personaje, ella sí conoció el amor verdadero. Lo hizo de la mano de su segundo esposo, el gran Mel Brooks con quien se casó en 1964 y se mantuvo unida hasta su partida por el cáncer, la única batalla que la actriz no pudo ganar. Según Daniel, autor de su biografía, quienes les conocieron aseguraban que lo suyo fue un amor de película, y nunca mejor dicho. El escritor cómico y la actriz dramática hicieron “click” de inmediato con sus opuestas personalidades. “Ambos estaban divorciados, eran más mayores, más maduros y tenían un mejor entendimiento de lo que era el matrimonio”, escribió en sus páginas.

Precisamente Mel fue quien estuvo a su lado cuando en los 80 tuvo su primer brote de cáncer. Un tema doloroso que prefirió llevar en privado para que la prensa no se hiciera eco de ello. Era un asunto delicado y así sentía que debía ser tratado. La enfermedad se iba y venía de forma intermitente pero no fue una excusa para dejar de trabajar. Siguió dándolo todo, solo hay que echar un vistazo a uno de sus papeles estrellas en la magistral Grandes esperanzas de Alfonso Cuarón donde compartió planos con Gwyneth Paltrow y Ethan Hawke. Precisamente la esperanza fue uno de los grandes valores que reinó la vida de esta guerrera incansable, a quien encontramos sonriendo en todas sus entrevistas. Nunca se rindió y siempre aspiró a superarse en todo. Lo consiguió con creces como actriz y como mujer. Le dio una bofetada en toda regla a Hollywood y decidió aventurarse a hacer lo que a ella le hacía feliz.

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