‘Fractura’ de Netflix, otro ejemplo de que los buenos thrillers de giros inesperados son cosa del pasado

[ad_1]

ESTE ARTÍCULO NO CONTIENE SPOILERS DEL GIRO EN LA HISTORIA

Dice el refrán que “todo tiempo pasado siempre fue mejor”, y en el caso de las historias con giros inesperados en cine, estoy por darle la razón. Sobre todo después de haber visto el último intento de Netflix por jugar a los acertijos. Hablo de Fractura, un thriller que si prestas atención te revela el final desde el principio.

Autor: Eric Zachanowich; cortesía de Netflix

Lo que me llama la atención es que desde su estreno el viernes 11 de octubre, los comentarios en redes sociales no dejan de crecer, tanto con aplausos como con críticas ante la decepción de muchos espectadores que esperaban ver un thriller en condiciones. Y yo estoy entre estos últimos.

Porque si les pregunto cuánto hace que un thriller no les sorprende con un final como el de Sospechosos habituales (Los sospechosos de siempre, 1995), Seven (1995) o Las dos caras de la verdad (La verdad desnuda, 1996), ¿cuál es la respuesta inmediata que les viene a la cabeza? Mucho tiempo, ¿verdad? Quizás la última que se me ocurre como una verdadera joyita del género es Perdida, pero claro, si caíste en el fenómeno literario como yo, ya te conocías el giro de sobra.

Cuando vi que Brad Anderson estrenaba thriller en Netflix no tardé mucho en darle al ‘play’. El director de Session 9 (2001) o El maquinista (2004) ya nos demostró qué sabe cómo provocarnos con planos extremos e historias tan bizarras como intensas, así que dediqué una hora y media el fin de semana para perderme en su nueva apuesta. Fractura está protagonizada por Sam Worthington, aquel actor que si no fuera por Avatar más de uno habría olvidado.

La historia arranca con una familia viajando en carretera. El matrimonio no está bien y lo vemos desde el arranque con las continuas discusiones entre ambos y la tensión en el ambiente. Con ellos viaja la hija de 6 años, Peri, y al detenerse en una gasolinera, la pequeña cae por accidente cuando el padre, Ray, intenta ahuyentar a un perro arrojándole una piedra. Al verla caer, él cae detrás en el pozo. A continuación, él se levanta para ver a la pequeña sin moverse en el suelo empujando a su esposa desesperada en estado de shock. Se toma un segundo, cierra los ojos y entra en acción ante la situación.

Eric Zachanowich; ©NETFLIX

Descubrimos que la niña está bien, solo se ha roto el brazo, y salen corriendo a un hospital que desde el primer segundo resulta amenazante y nada hospitalario. Hay claves evidentes de momentos en que Ray sospecha del lugar, con la cámara haciendo hincapié en ángulos, trabajadores y miradas que desvelan enseguida el giro de la trama.

La película dura poco más de hora y media, pero es de esos thrillers que pretenden más de lo que entregan. Incluso hubo un momento que me cuestioné si Anderson me estaba tomando por tonta. El giro de la trama es evidente desde el momento del accidente y a medida que cada plano se fija en exagerar secuencias de extrañeza y sospecha, sabemos que hay gato encerrado. Y este gato es muy fácil de encontrar.

El giro resulta tan obvio que por momentos la película se hace eterna a pesar de durar tan poco. Y no lo puedo negar, al terminar eché de menos las historias de misterio que nos dejaban boquiabierto con un final inesperado. Juego de Tronos nos recordó el sentimiento con las sorpresas a lo largo de sus mejores temporadas, pero en cine hace mucho tiempo que no lo vemos. El sexto sentido (1999), Los otros (2001), Shutter Island (La isla siniestra, 2010), El club de la lucha (1999) y hasta un clásico como El planeta de los simios (1968)… ¡qué tiempos aquellos para los amantes del género!

[ad_2]

Source link

اترك تعليقاً

لن يتم نشر عنوان بريدك الإلكتروني. الحقول الإلزامية مشار إليها بـ *