El ascenso de Marvel, del olvido a lo más alto del cine en una década

[ad_1]

Por aquel entonces no sabíamos hasta qué punto, pero en 2008, una escena de solo 25 segundos protagonizada por Robert Downey Jr. Y Samuel L. Jackson cambiaría el cine para siempre. Ocurría al final de Iron Man, instaurando lo que más tarde se convertiría en una tradición ineludible: la escena post-créditos de Marvel (algo que ya existía, por supuesto, pero que el estudio convirtió en una de sus principales señas de identidad). En ella, Nick Fury (Jackson) aparecía de entre las sombras para desvelar a Tony Stark (Downey Jr.) el plan con el que muchos fans de Marvel Comics llevaban décadas soñando.

“¿Cree que es el único superhéroe en el mundo? Señor Stark, se ha convertido en parte de un universo más grande, solo que todavía no lo sabe. Estoy aquí para hablarle de la Iniciativa Vengadores”.

Estas premonitorias palabras marcaban oficialmente el inicio del Universo Cinematográfico Marvel, ambicioso proyecto de películas interconectadas capitaneado por Kevin Feige -en aquellos momentos Presidente de Producción del estudio-, que devolvería al candelero a los mitos más famosos del cómic y acabaría marcando el pulso de la taquilla y la cultura audiovisual de la década posterior. La era de los superhéroes. 

La situación de Marvel Entertainment en 2008 era muy distinta a la de ahora. La compañía había atravesado horas muy bajas y numerosos cambios internos antes del ascenso de Marvel Studios. Los derechos de los personajes más famosos de sus cómics se encontraban desperdigados por varias majors de Hollywood, tras ser vendidos para evitar la bancarrota. Hulk era, y sigue siendo, propiedad de Universal Pictures (Marvel no puede hacer más películas en solitario del Gigante Esmeralda sin su permiso). 20th Century Fox poseía los derechos de la Patrulla-X, Los 4 Fantásticos y otros personajes afiliados. Con ellos, el estreno en 2000 de la primera entrega de X-Men sentaba las bases del cine de superhéroes moderno, continuando en varias entregas y sin-offs que servían como precedente de lo que más tarde sería el UCM. Por su parte, Sony Pictures tenía en el bolsillo al superhéroe más famoso de Marvel, Spider-Man, con quien también encontró el éxito de taquilla a comienzos de siglo gracias a la trilogía dirigida por Sam Raimi y protagonizada por Tobey Maguire. 

Ante este panorama, Marvel decidió empezar a construir su propio universo superheroico prescindiendo de algunos de los personajes más icónicos de La Casa de las Ideas. A falta de Spider-Man y los X-Men, Feige recurrió a los Vengadores. Iron Man, Thor y Capitán América eran algunos de los héroes más emblemáticos de la historia de la editorial de Stan Lee, pero a finales de los 90 no había demasiada confianza en ellos. Tras varios intentos fallidos de llevar las páginas de los tebeos Marvel al cine, parecían cosa del pasado. 

Como prueba, Sony Pictures tuvo la oportunidad de adquirirlos en 1998, pero los rechazó, pensando que al público ya no les interesaba. Según desvelaba el libro The Big Pictures: The Fight for the Future of Movies (via The Wall Street Journal), un joven ejecutivo de Sony llamado Yair Landau, fue encargado de asegurarse los derechos de Spider-Man para el cine. Marvel Entertainment le ofreció también los derechos de Iron Man, Capitán América, Black Panther o Ant-Man por solo 25 millones de dólares, pero cuando Landau volvió a Sony con la oferta, estos le dijeron que la rechazase y comprase solo al Trepamuros, porque “a nadie le importa ningún otro personaje de Marvel”. Veinte años después, Sony debe seguir torturándose por aquella decisión que podía haber resultado en un futuro muy distinto para ellos. Y para el cine.

Volviendo a Marvel, Feige sabía que tenía entre manos algo con mucho potencial. Es cierto que mientras Spidey y los X-Men triunfaban en el cine, nadie parecía acordarse de los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Pero eso estaba a punto de cambiar. El estreno en 2008 de Iron Man y la compra de Marvel por parte de Disney por el módico precio de 4.000 millones de dólares en 2009 marcaba el inicio de una primera fase de películas que desembocaría en el crossover más ambicioso visto hasta ese momento en la pantalla: Los Vengadores (2012). 

Para asegurarse de que el público se involucrase con la propuesta, Marvel ideó un brillante plan a largo plazo que permitiría a los espectadores conocer a los personajes de forma individual antes de verlos reunidos en pantalla para librar juntos una espectacular batalla en Nueva York. Así, después de Iron Man, que recaudó unos impresionantes 527 millones de euros en todo el mundo, se estrenaron El increíble Hulk (2008), Iron Man 2 (2010), que consolidaba al Hombre de Hierro como el líder del equipo, Thor (2011) y finalmente Capitán América: El primer Vengador (2011), que servía como antesala del gran final de esta primera etapa de Marvel Studios.

En lugar de empezar la casa por el tejado, Marvel supo tener paciencia y construyó primero unos cimientos sólidos sobre los que seguir levantando el resto del edificio. Introduciendo uno a uno a los diferentes personajes, repartiendo entre las películas información y líneas argumentales que culminarían en Los Vengadores, Marvel se aseguraba la fidelización del público y convertía la anticipación en su mayor herramienta para conseguir sus propósitos. En tan solo cinco años, el estudio realizó una hazaña narrativa y comercial que desembocó en su primera película en superar los mil millones de dólares de recaudación mundial. Y eso fue solo el principio.

Robert Downey Jr. en Vengadores: Endgame (©Marvel Studios 2019)

FASE 2: SENTANDO UN MODELO Y BUSCANDO LA VARIEDAD

El director de Los Vengadores, Joss Whedon -creador de las series de culto Buffy, cazavampiros y Firefly entre otras-, marcó el camino a seguir para Marvel en los años posteriores. Haciendo uso de su ingenio para la construcción de diálogos y las relaciones entre personajes, Whedon asentó el tono para el estudio más allá de la acción con más humor y emoción, dando lugar a una fórmula que se repetiría en entregas posteriores.